miércoles, 7 de mayo de 2008

Fermin Salvochea "El Alcalde de los pobres"

El dirigente anarquista gaditano, Fermín Salvoechea y Álvarez, nació en el seno de una familia burguesa progresista de Cádiz, en 1842 en la calle Fernando García de Arboleya, hoy Plaza de Viudas, de una familia de origen navarro. Su abuelo paterno se había establecido en Cádiz para dedicarse al comercio. Su madre, Pilar Álvarez, era prima de Juan Álvarez Mendizábal, presidente de gobierno y autor de la desamortización eclesiástica de 1835. Se distinguía por su inteligencia extraordinaria y por las cualidades valerosas y caballerescas de su carácter, que dejaba entrever desde su infancia. Su madre, mujer admirable, le refería en su niñez las leyendas y tradiciones de la ciudad de Cádiz, tan ricas y fantásticas como un capítulo de "Las mil y una noches" y el pequeño Fermín la escuchaba leyendo las palabras en sus labios. Esas historias románticas ejercieron profunda influencia sobre el muchacho y a menudo recordaba, en medio de su vida tormentosa, aquellas horas felices.

El niño Fermín estudió en el prestigioso colegio de San Felipe Neri hasta 1858. A los 15 años su padre, siguiendo las tradiciones de la burguesía mercantil gaditana a la que pertenecían, le envía a Inglaterra para para que perfeccionase sus conocimientos del idioma inglés y continuara sus estudios comerciales, permaneciendo en Londres y Liverpool cinco años. Pero, al parecer, se dedicó más a estudiar los problemas sociales de la época que los mercantiles. Leyó las obras de Owen, Paine y Berdlow.

Regresa a Cádiz con 21 años, pero hecho un comunista y un ateo, con ansias de reformar la sociedad, influido por las doctrinas del socialismo utópico. Se hace conocer por su tolerancia y generosidad.

Tuvo una participación activísima en las empresas más arriesgadas y su valor personal, su espíritu de sacrificio, lo convirtieron poco a poco en uno de los dirigentes más capaces y de mayor influencia en el movimiento republicano. Salvochea era rico, sumamente rico; se decía que su padre poseía una fortuna de tres millones de pesetas de la época, pero Fermín vivía modestamente y se valía de su riqueza como fondo para la causa revolucionaria.

Contactó con Paúl y Angulo y otros seguidores de Fourier, fundando el periódico El Demócrata Andaluz, desde el que defendió los derechos civiles de los presos políticos encarcelados en el castillo de Santa Catalina y San Sebastian en Cádiz, donde quedaban encerrados durante algún tiempo , antes de que fuesen enviados a su destino, normalmente a la isla guineana de Fernando Poo o a Manila. Salvochea los visitaba a todos y tenía para cada cual un buen consejo y alguna ayuda.

También colaboró con Prim, Salmerón y Sagasta cuando éste era opositor, participando en la Revolución de 1868, también llamada La Gloriosa, que destronó a Isabel II. Ésta comenzó el 18 de septiembre en Cádiz, propagándose por toda Andalucía. Formó parte de la Junta Revolucionaria de la ciudad, y en diciembre de este año dirigió un levantamiento contra el Gobierno provisional al que acusaba de traición a los ideales de la Revolución, pues mantuvo el sistema político, aunque con un regente en lugar de con monarca.

Encarcelado por ello, fue liberado con la amnistía de 1869, pero en octubre dirige una nueva conspiración, ahora de carácter federal que, fracasada, le llevó a refugiarse en Gibraltar. La llegada y renuncia de Amadeo de Saboya y la proclamación de la I República propician su regreso.

Fu elegido alcalde republicano de Cádiz en 1873. Como alcalde, Salvochea trabajó mucho por el embellecimiento de la ciudad, convirtiéndola en una de las más hermosas de España y estableció también algunas reformas útiles en la administración política. Pero no duró mucho tiempo en su cargo porque en julio de 1873 estalló en España la revolución cantonalista y Salvochea fue uno de los primeros en tomar el fusil en la mano para la conquista de la igualdad económica y la autonomía local.

En junio, al deteriorarse el gobierno por las diferentes proclamaciones cantonales, preside el cantón federal de Cádiz entre el 19 de julio de 1873 al 4 de agosto del mismo año.

Tras la restauración monárquica (1874), es condenado a cadena perpetua y recluido en el peñón de Vélez de la Gomera, frente a las costas rifeñas, donde permaneció hasta su fuga en 1885.

Con la amnistía promulgada a la muerte de Alfonso XII por la regencia de María Cristina, regresó a España desde el exilio. De nuevo en Cádiz, es ya todo un símbolo del espíritu de revuelta andaluz, federal y cantonalista. Ganado pronto por el anarquismo fundó el periódico anarquista "El Socialista". En 1890 y 1891 organizó las huelgas obreras en favor de la jornada de ocho horas, a consecuencia de lo cual fue condenado a dos meses de cárcel, pero se consiguió la jornada de nueve horas y un aumento de salario de un real por jornal.

Tras la invasión de Jerez de la Frontera por los jornaleros del campo en 1891, fue acusado de ello y condenado a doce años de cárcel, pero en 1899 en medio de la postguerra fue indultado. Tras una estancia en Madrid donde colaboró con en diarios como El Liberal, El Heraldo y El País, y escribió artículos para la Revista Blanca, anarquista y de gran difusión en Andalucía. Inspirado en el desastre colonial escribió La contribución de sangre en 1900, y en 1907 se instaló de nuevo en Cádiz, donde moriría este mismo año.

Comprometido con los pobres hasta la médula, no se limitó a predicar la ideología más avanzada de la época, sino que dio ejemplo de generosidad en su vida cotidiana. Si veía por la calle a alguien pasando frío, se quitaba su abrigo y se lo daba.

Estableció la jornada máxima de ocho horas para los obreros y aumentó sus salarios mínimos. Prohibió los impuestos sobre los productos elementales de consumo, como pan y jabón. Eliminó el servicio militar forzoso. Estableció la enseñanza gratuita para todos y convirtió edificios ruinosos en ateneos obreros.

Llama la atención que, siendo él ateo, acompañara a misa todos los días a su madre y la recogiera en la puerta, sin entrar en la Iglesia, e incluso, tomaba café a diario en el Bar El Baluarte, en la calle Rosario, con un cura amigo suyo.

El llamado “Alcalde de los pobres”, murió el 28 de septiembre de 1907 con 65 años tras lesionarse la espalda al caer de la mesa donde dormía, porque días antes le había dado su cama a un pobre. Incluso en su lecho de muerte mantuvo sus ideas. Así se cuenta que en la víspera de su fallecimiento, Salvochea, agonizando rodeado de su familia y amigos, en un determinado momento, un familiar aludió a la resurrección de Lázaro y Salvochea aprovechó para reiterar su ateísmo: 'De ser cierto ese milagro', dijo, 'probaría que Jesús no era bueno porque debería de haber resucitado a todos los muertos del pueblo'.

La profunda humanidad de este personaje, a quien Lerroux calificó de 'Cristo anarquista', le granjeó tanto cariño de la gente, que a su temprana muerte, 50.000 personas se echaron a la calle para rendirle homenaje, mostrando el dolor por la pérdida de alguien muy querido. Durante el entierro, inesperadamente empezó a llover a cántaros cuando la comitiva pasaba al lado del Ayuntamiento. El alcalde ordenó que entrasen en el Ayuntamiento diciendo “Esta es su casa. Que no salga de ella hasta que no acabe la lluvia” .

Al ser depositado en la fosa el cadáver, millares de bocas exclamaron: "¡Viva la anarquía!".

Hoy en día se sigue hablando del “Espíritu de Salvochea”, transposición histórica de lo que supuso para la ciudad. Su figura sale de manera recurrente, y desde una perspectiva localista en los Carnavales. Una fracción de la hinchada del Cádiz C.F. se denomina a sí misma, "Columna Salvochea". En la actualidad, el Ateneo Libertario de la ciudad, un instituto de Enseñaza Secundaria y una asociación de vecinos llevan su nombre. Todavía hay en Cádiz, quien deposita flores en su tumba.

Su tumba será la única que permanezca en el territorio de Cádiz, junto con la de Falla y Pemán (estos enterrados en la cripta excavada, en parte, en la roca bajo el altar mayor de la Catedral Nueva), tras el cierre del Cementerio en la capital, dedicándole una nueva sepultura, que esta vez se pretende sea de verdad eterna, frente a su casa natal.

El pasado año se conmemoró el centenario de la muerte. Un gaditano histórico, adelantado política y culturalmente al tiempo que le tocó vivir. Ninguna televisión nacional se acordó de él, ...ni falta que le hace.

No nació en Madrid, o en Barcelona, o en Bilbao, o en Valencia, o en Sevilla.... si no, ya habría tenido un Centenario en condiciones, con actos rimbombantes, con presencia de todos los ministros y de sus satélites, listos para la foto.


Además, estoy segura que odiarías esos falsos honores, y al verlos, te revolverías en tu tumba, te levantarías y con un buen corte de mangas les dirías : "Anda y que os den", te darías la vuelta y tomarías la calle arriba sin mirarlos a la cara.

Prefieres lo que hay, es decir, que tu figura siga viva en muchos corazones, sobre todo jóvenes. Ojalá los políticos supieran aprender de tí, pero tu tenías una ideología en la que creías... y esas personas, a los jerifaltes de hoy, tener principio solo les provoca miedo.


Sirva este post para darte mi modesto homenaje : ¡VIVA TU ANARQUÍA!

2 comentarios:

el BurroCurro dijo...

Soy un libertario de Barcelona. Un enamorado de los carnavales y de Cádiz. He oido hoy hablar por primera vez de este hermoso compañero y lo primero que he leido ha sido este artículo tuyo...me has hecho llorar de emoción porque exista gente tan hermosa. Muchas gracias Guasona. ¡¡ Viva Cai y la libertá!!

el BurroCurro dijo...

Soy un libertario de Barcelona. Un enamorado de los carnavales y de Cádiz. He oido hoy hablar por primera vez de este hermoso compañero y lo primero que he leido ha sido este artículo tuyo...me has hecho llorar de emoción porque exista gente tan hermosa. Muchas gracias Guasona. ¡¡ Viva Cai y la libertá!!