lunes, 28 de abril de 2008

Como nació el Carnaval en Cádiz (I)

No existen documentos específicos sobre el origen de la fiesta; no obstante, parece lógico pensar que su implantación se deba a la colonia italiana que existió en la ciudad durante los siglos XVI y XVII. Así tomó claras influencias del Carnaval veneciano y del genovés, ya que, buscando un lugar bien comunicado con África se afincaron sus comerciantes en nuestra ciudad, por ello hoy podemos escuchar apellidos que nos parecen tan gaditanos como los de Paoli, Bianchi, Soprani o Rossety. En ellos, tiene su origen el uso de los antifaces, caretas, serpentinas, los papelillos (confeti), elementos que se asimilaron del Carnaval italiano, al igual que los personajes típicos de la Commedia dell'Arte : Colombina, Arlequin y Pierrot, disfraces sin los cuales no podríamos entender hoy nuestros Carnavales.

Posteriormente, el comercio con América provocó, al igual que en los cantes, un Carnaval de ida y vuelta. Inicialmente noS trajo a nuestra fiesta los ritmos propios del Caribe que actualmente se conservan en nuestro folklore, como los tanguillos (provenientes de las habaneras) que entonan los coros o algunos cantes flamencos como tangos, colombianas, etc... Muchos de estos ritmos, fueron cantados en Cádiz por comparsas de negros libres que vivían en la ciudad y que venían de las "colonias de ultramar" y se dedicaban a cantar por Navidad coplillas por las calles. Dice Ramón Solís que “la chirigota y la comparsa tienen, cuando van por la calle, un ritmo de marcha con claras influencias afrocubanas o de samba. Son ritmos negros que acompañan los murguistas con movimientos y gestos que quieren ser de rumba”.

Pero vayamos mas atrás en su orígenes. Las primeras referencias documentadas de la celebración del Carnaval que conocemos hasta ahora, se encuentran en la obra del historiador gaditano Agustín de Horozco. Datan de finales del Siglo XVI y expone que en tiempos de Carnaval, las gaditanas arrancaban las flores de las macetas para lanzárselas unos a otros a modo de broma. Otros documentos donde queda constancia de la celebración de los Carnavales son las Constituciones Sinodales de 1591 y los Estatutos del Seminario de Cádiz en 1596, ambas contienen indicaciones para que los religiosos no participaran de las fiestas de la misma forma que lo hacían los seglares. Estas referencias, sobre el Carnaval, confirman que ya a finales del siglo XVI las fiestas debían tener gran arraigo entre los gaditanos.

Del Siglo XVII también existen referencias. Así un documento de 1636 reconoce la impotencia del poder civil ante la celebración popular y una carta del General Mencos fechada en Cádiz a 7 de febrero de 1652, éste se queja de que los trabajadores gaditanos se negaban a reparar su barco por estar en Carnestolendas. 

A partir del Siglo XVIII se reiteran frecuentemente las órdenes intentando desterrar el Carnaval. En 1716 se prohibieron los bailes de máscaras por orden de la Corona, prohibiciones que se repitieron a lo largo de todo ese siglo. A pesar de todo, existen testimonios que pueden confirmar que el desacato de las órdenes era bastante notable. En 1776 visita la ciudad el viajero británico Henry Swinburne, que dejó testimonio sobre las celebraciones carnavalescas de los gaditanos. 

Pese a la oposición de determinados grupos sociales y gobernantes, el Carnaval se adentró en el siglo XIX, recibiendo los movimientos de restricción y libertad propios del gobierno de Fernando VII. Destacaron tras la muerte del rey, los grupos o cuadrillas que se reunían previamente para preparar sus intervenciones, que se componían de parodias, cantos y bailes. En la organización de estas comparsas participaron algunas instituciones como el hospicio y sobre todo gremios. Entre estas agrupaciones también había coros, como el llamado “coro patriótico”, con letras alusivas a la guerra de África que repartían escritas a la gente que escuchaba. Según referencias de la prensa gaditana, a comienzos del tercer decenio del siglo XIX aparecen las primeras agrupaciones que remiten sus actuaciones a las casas de los comerciantes acomodados, quienes los patrocinaban. La primera agrupación de la que se tiene constancia es "Cuadrilla de gallegos", que data del año 1821. Durante aquel año el gobernador de Cádiz, Cayetano Valdés, dio el visto bueno para la celebración de un máximo de seis bailes públicos de disfraces y máscaras. Estos bailes fueron regidos por un estricto reglamento para evitar los excesos.

De mediados de este siglo proviene la costumbre gaditana de pedir alguna invitación o monedas por parte de las agrupaciones tras cantar sus coplas (costumbre ya casi perdida, pero que se conservaba hasta hace poco mediante la figura del postulante, que inicialmente pasaba la “gorrilla” tras la actuación o después se dedicaba a vender los libretos, cintas o CD’s de la agrupación). 


En el último tercio del siglo XIX, se municipaliza el Carnaval para ponerle control. En 1861 el alcalde Juan Valverde ordena que se dote con una partida de 30.000 reales de vellón con el fin de iniciar una reforma en el Carnaval. Esta tutela por parte del Ayuntamiento continúa hasta nuestros días. El objetivo de esta era erradicar algunas costumbres que daban una mala imagen de la ciudad y de los gaditanos. Los bandos siguieron recordando, año tras año, a los ciudadanos las diferentes normas de comportamiento. Es también en este momento cuando las murgas y los coros comienzan a tener un protagonismo enorme, configurándose como auténtico eje del Carnaval gaditano. Por ello, intentan ser controladas por Eduardo Genovés desde el ayuntamiento en 1884, dando licencia únicamente a 18 agrupaciones para recorrer las calles y plazas, añadiendo la obligación de presentar previamente las coplas que cantarían durante las fiestas. Las agrupaciones conseguían así una licencia para poder salir por las calles y solo interpretarían aquellas que fueran autorizadas, lo que constituye el primer antecedente de Censura en el Carnaval de Cádiz. No obstante, gracias a esta decisión, desde este año se conocen los nombres de las agrupaciones, el número de componentes y sobre todo se conservan las letras de las coplas. 

La agrupación carnavalesca de la que tomamos referencia como pionera del actual estilo carnavalesco gaditano es el coro “Las Viejas Ricas” (1884), que de forma reiterada aparece en la prensa y guías de ese mismo año, si bien no reza en el listado de licencias que otorgó el Consistorio, lo que nos hace pensar que muchas agrupaciones a pesar de no obtener autorización, o ni tan siquiera solicitarla, recorrieron las calles de la ciudad. 

En 1889 a los pasodobles de chirigotas se les llamaba valses, precisamente por el compás de estos últimos, el famoso “3 x 4”, ya que un pasodoble castizo lleva otro, compás el 4 x 4.

Los coros alcanzan su primera madurez a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, con la participación de Antonio Rodríguez Martínez, el Tío de la Tiza. Sus coros más recordados son Los Claveles (1896) y Los Anticuarios (1905). De éste último es recordado el tango de los duros antiguos, que es hoy día el himno oficioso del Carnaval de Cádiz :

Aquellos duros antiguos que tanto en Cádiz dieron que hablar
que se encontraba la gente en la orillita del mar
fue la cosa más graciosa que en mi vida he visto yo.

Allí fue medio Cádiz con espiochas;
y la pobre mi suegra y eso que estaba ya media chocha;
con las uñas a algunos vi yo escarbar
cuatro días seguidos sin descansar.

Estaba la playa igual que una feria,
válgame San Cleto! lo que es la miseria.
Algunos pescaron más de ochenta duros,
pero más de cuatro no vieron ni uno.

Mi suegra, como ya dije, estuvo allí una semana
escarbando por la tarde,de noche y por la mañana;
perdió las uñas y el pelo, aunque bien poco tenía
y en vez de coger los duros lo que cogió fue una pulmonía
y en el patio de las malvasestá escarbando desde aquel día.

1 comentario:

VITALI dijo...

os recuerdo que otro apellido gaditano que proviene de comerciantes italianos es VITALI,que es el mio.