lunes, 17 de marzo de 2008

Lo que no es un aficionado

El sábado pasado, un desaprensivo de esos que juegan a Dios por los estadios de fútbol (por que todos, todos...directivos, gobierno, policía, peñas... lo permiten), casi acaba con la vida deportiva de un hombre que no habrá sido Maradona, pero que para todos los cadistas ha sido "santo y seña" de este nuevo Cádiz. No se entendería estos últimos 10 años sin tí... Armando.

El pasado 15/03/08, después de celebrar que mi equipo casi está salvado del descenso, en el campo del Betis tuve la desgracia de ver lo fácil que es con un poco de puntería matar a una persona.

Es por ello que hoy cuelgo este artículo publicado por Miguel González San Martín en el Correo Vasco, sencillamente porque me ha parecido precioso. Solo un “pero” Miguel, que me permitas que antes de ser el ídolo de los pequeños del Atlhetic, y por que la antigüedad es un grado, ha sido y es "el héroe de los grandes y pequeños del Cádiz CF" :

Título : El héroe de los niños – 17/03/08

“A veces la realidad se empeña en impartir no sé qué extrañas enseñanzas morales. En Sevilla, un tonto le dio un botellazo al buen Armando, cuando el Athlétic iba ganando uno a dos, y ése era un resultado espléndido, que confiamos en que se mantenga, porque el Athletic había hecho ya los tres cambios que permite el reglamento y no tiene culpa de que a un pobre tonto le diera por tirar una botella con la mala suerte de acertar, y con el triste resultado de darle a Armando entre la nariz y un ojo.

Armando salió en camilla, con la mirada borrosa, y hubo que darle seis puntos de sutura. No sé qué dirán los comités, qué tendrá previsto el reglamento, pero a mí me parece que, a esas alturas, el partido ya se había terminado y la victoria sería la mínima recompensa merecida por el Athletic y por Armando, por puro sentido común, con el resultado que en ese momento campeaba en el tanteador, que dirían los clásicos. No sé qué hubiera sido justo en el supuesto de que el Athletic hubiera ido perdiendo, seguramente también que ganara, por cero a tres, pero además iba ganando por méritos propios y no podía hacer, ya, nuevos cambios. El partido quedaría desvirtuado si hubiera que empezarlo de nuevo en el minuto setenta, con los jugadores frescos y no sé cuantas excepciones absurdas. ¿Podrían jugar otros o deberían ser los mismos? ¿Y si Armando no se recupera para entonces? ¿Cuántas excepciones son razonables? Ninguna. Sería un disparate que los damnificados salieran perdiendo de manera redundante. Los miembros del comité deberían aplicar la más severa jurisprudencia, para disuadir definitivamente, para cortar de raíz la más ligera posibilidad de que a otro tonto se le ocurra siquiera pensar en repetir la hazaña.

Más allá del fútbol, del partido, de la competición, de una temporada que al fin parece que se va enderezando, las circunstancias han contribuido a escribir una buena historia, que nos parecería excesiva si no la hubiéramos seguido en cada jornada, la historia de Armando. Por si no tuviera ya suficientes ingredientes narrativos, alcanzó en el campo del Betis un climax ciertamente épico. No sé si esa historia daría para una novela, dependería mucho, como sucede con todas las novelas, de quién lo intentara, pero yo creo que es una historia muy literaria. A veces uno lamenta no ser niño, por ejemplo para tener ocasión de leer 'La isla del tesoro' por vez primera, la ocasión de volverse a meter con Jim Hawkins en el barril de manzanas, el momento clave de la novela, cuando descubre que Long Jong Silver no sólo es un tipo extraordinariamente simpático sino también un canalla. Lamento ahora no tener la ocasión de ser niño de nuevo, para saborear en toda su intensidad la historia de Armando, el hombre que vino, ya a una edad altamente improbable, tras recorrer las más diversas divisiones y geografías, para sacarnos de apuros. Creo que si fuera niño de nuevo, me haría de Armando, disfrutaría de sus salidas con el puño, del pundonor con el que se lanza de palo a palo, de su alianza con los postes, de su entusiasmo, me haría de Armando porque tiene cara de ser un buen tipo que ha debido de vivir muchas historias. Me haría de Armando tras verle cómo sangraba en el partido con el Betis. Armando ha tenido la ocasión de que se realizara su sueño cuando nadie, ni siquiera él mismo, podía figurarse que el fútbol le reservaba todavía la extraordinaria ocasión de convertirse en el héroe de los niños del Athletic. Una pena no ser ya niño, una pena no ser presidente. Si lo fuera, le renovaría de manera fulminante”.

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